Un alegre descubrimiento. Simplemente gracias (…maestro Stephen King)

“La idea de que la creación y las sustancias sicotrópicas vayan de la mano es uno de los grandes mitos de nuestra época, tanto a nivel intelectual como de cultura popular…Los escritores que se enganchan a determinadas sustancias no se diferencian en nada de los demás adictos; son, en otras palabras, borrachos y drogatas vulgaris. Las afirmaciones de que la droga y el alcohol son necesarios para atenuar un exceso de sensibilidad no pasan de ser la típica chorrada para justificarse… a la hora de vomitar en la cuneta, nos parecemos todos bastante” – Stephen King
 
Siempre que admiraba a alguna persona o grupo, The Beatles por ejemplo, me terminaba preguntando si no había alguien que hubiera podido generar cosas buenas estando en estado natural, dependiendo enteramente de su inteligencia limpia. Me entristecía un poco a decir verdad (porque resultaba desanimante para mi proyecto -que no sé si logre concretar- de hacer algo, sea un escrito de guión o novela, tal vez una animación o un corto) el hecho de que los estados creativos no resultaran propios del hombre sin la enajenación generada por estupefacientes.
 
Stephen King es uno de los mejores escritores de ciencia ficción de nuestra época, y tal vez de toda la historia. A sus 68 años, ha escrito más de 70 historias, entre novelas y cuentos (y me quedo corto en cantidad creo), varios de los cuales han sido adaptados al cine, produciendo obras que todos reconocemos como Carrie, The Shining (El Resplandor), The Mist, The Shawshank Redemption (Sueños de Fuga), The Green Mile (Milagros Inesperados) y un enorme etcétera que supera la treintena.
 
Durante las décadas de los 70-80’s enfrentó problemas de drogas y alcoholismo, pero se rehabilitó. En On Writing (Mientras Escribo), libro pseudo biográfico acerca de sus motivaciones y procesos para redactar, indica que tuvo miedo de que no pudiese inventar algo nunca más si se alejaba de estas sustancias. Pero se dio cuenta que era falso, y es muestra de aquello su prominente curriculum ya expuesto.
 
Me alegra en demasía toparme con la confesión que da pie a este escrito, porque es la respuesta que buscaba, y resulta esperanzador saber que un hombre puede hacer cosas bastante buenas a partir de “nada más” que su propia inteligencia.
 
Hoy le estoy más agradecido que siempre Mr. King.
SKing