La Rabia Silente

Desde que llegué a Santiago, en 2010, ha ido creciendo en mí un sentimiento que antes no conocía o que al menos iba y venía, pero era esporádico: rabia.

Siempre viví en mi mundo, viendo películas, animación, jugando videojuegos; dicen que me preocupo por la gente, por los que me rodean, pero personalmente me considero individualista, no dejo que mis sentimientos me influyan, que las personas me lleguen a importar demasiado, es una defensa que adquirí sin darme cuenta, porque mamá tenía cáncer y todos los días de mi vida el discurso fue “ella mañana puede no estar”. Así que me desligue del mundo. No me interesaban cosas como la política y, aunque aún no soy partidario de ninguna tendencia con partido, hubo un amigo que me dijo que debía informarme. Un día, aprovechando que me iba en bicicleta al trabajo, decidí encender la radio.

Así comenzó todo, colusiones con sentencias irrisorias como una pequeña multa y un “no vuelva a hacerlo más”, el caso de Martín Larraín, darme cuenta como nos sacan plata (no tan solo por lo monetario, sino porque la obtenemos con nuestro esfuerzo diario) con la AFP, las vergonzosas declaraciones del congreso y de la clase política en general, entre varias cosas más. 

Y luego me tocó a mí, directamente. Trabajaba para una empresa dirigida por personas del sector acomodado y de pronto, notamos que no nos estaban haciendo las imposiciones. Me costó entender que los descuentos que a uno le hacen son también parte del sueldo, de la remuneración y que si no me las estaban pagando me estaban robando. Me dio rabia con esto porque hacía diez meses que no las pagaban y el gerente jamás se acercó a decirnos que la empresa estaba en problemas, hasta que como trabajadores lo notamos. Hubo una reunión y el discurso fue que remáramos todos juntos, hacia la misma dirección. Lo entendí, decidí comprometerme y esperar a que las cosas mejoraran, pero luego quisieron cambiar mi horario y eso no me acomodaba para nada. Habían pasado varias cosas, dentro de mi historia en dicha empresa, que no me parecían y se habían ido acumulando, y entonces llegó la carta en que decía que tenían derecho a cambiar mi horario unilateralmente. Eso derramó el vaso para mi. El horario de un trabajador, tras cierta cantidad de meses se establece como derecho. Si se trata de obligaciones, ellos tenían una, sólo una conmigo y era pagarme mi sueldo. Venían a pisotearme siendo que yo había estado trabajando diez meses sin mi merecida retribución, sin lo que me correspondía. ¿No te parece este párrafo algo parecido a lo que sucede a nuestro país ahora?¿No te parece el discurso de ellos algo parecido a lo que dice el gobierno estos días? Me cansé. Los demandé. Y fue terrible para mi porque me costó mucho entender que estaba peleando por lo que me correspondía. Supe que me trataron de traidor, y lo cierto es que en principio me sentí así. Estamos tan acostumbrados a agachar la cabeza ante el patrón.

Este año tuve licencia por estrés y creo que deriva en gran parte de ese momento, una tensión que nunca liberé.

Empecé a sentir rabia y descontento con la clase acomodada, y con mi país. Sentí que nos pisoteaban tanto y cada uno de nosotros siempre tiraba hacía donde le convenía. Polarización, individualismo. Yo no era el único individualista, era una enfermedad de todos y entendí que mientras fuera así, se seguirán aprovechando de nosotros. 

Marchas, protestas, reclamos, la mayoría, si no es que todas, llegando a nada.

Entonces, 300 estudiantes deciden evadir unos torniquetes. Estudiantes, personitas que no se ven ni siquiera afectados directamente por el alza del pasaje, sacando la cara por nosotros, que ante la injusticia seguimos bajando la cabeza  al patrón. Y aquí sucede algo que debo agradecer al Gobierno, lo minimiza, se ríe de nosotros en nuestra cara. ¿Por Qué lo agradezco? por que no supo manejarlo y encauzó nuestra rabia. Consiguió que el país -la mayoría- olvidara sus diferencias, su individualismo.

No estoy de acuerdo con el vandalismo, la evasión era necesaria, pero los destrozos no. Hay aquí que mencionar dos cosas que también provocan mi rabia: Hay material visual de Militares organizando saqueos, de carabineros robando televisores, de carabineros destruyendo postes, de carabineros quemando micros, de carabineros encapuchados y de personal de fuerzas armadas vestidos como civiles y portando sus pistolas. Hay vándalos dentro de la población y están haciendo cosas que no corresponden, pero existe también un montaje apoyado por los canales de televisión abierta que busca contribuir al miedo, para que perdamos el foco, no separemos y volvemos a ser borregos dóciles. La violencia y los actos de vandalismo ha sido lo único que ha mostrado la televisión en general (chilevisión es el único canal que se escapa un poco de esto). Hace un tiempo que me había desligado de la tele, desde los realities hasta los matinales, sentía que me trataban como si fuera estúpido y ahora me doy cuenta que siempre han estado manipulandonos y me da más rabia.

Hemos tenido marchas pacíficas, varias, pero todo se diluye en cuanto aparecen las fuerzas armadas. El domingo fui a paseo Bulnes con Alejandra, mi novia, y estábamos con gente que tocaba sus cacerolas en señal de protesta. A los minutos llegó un camión de carabineros y nos tiraron una lacrimógena. Luego, el camión de militares y corrimos, nos asustamos. Dimos la vuelta a la cuadra y vimos llegar más contingente militar y, a la distancia, noté que estaban con el “guanaco” mojando a los protestantes. ¿No se supone que se pueden hacer marchas pacíficas durante el día? Eran las doce y media. Volvimos a casa, porque ambos acarreamos temor, crecimos en dictadura. Quedaron protestando personas jóvenes, niños. Y me dio rabia conmigo mismo, por no ser capaz de mantenerme ahí. De vuelta, fuera de metro estación Santa Ana, habían cuatro militares, los miré.. y también eran niños, ninguno de más de veinte años. Ahí me dio pena.

Hoy es miércoles, 23 de Octubre de 2019, seguimos en estado de sitio, seguimos con toque de queda. Han matado ya a quince personas, hay gente que está desaparecida. Me da rabia y pena tener temor de salir de casa. Me da rabia que los gobernantes sigan sin cambiar de posición, que ayer Piñera haya salido con propuestas que son como los “bonos” que ofrecía Bachelet. Sólo humo, migajas a ver si el pueblo se contenta. Me da rabia la ceguez  y la inoperancia de quienes manejan el país, y por otro lado me siento desesperanzado porque esto se viene arrastrando a través de los distintos gobiernos que han pasado por el mando y a veces pienso que no son más que títeres y el país lo dirigen realmente los más ricos.

La historia es cíclica dicen. No tengo hijos, pero tengo dos sobrinos y no quiero que vivan la sombra y el temor de una nueva dictadura. No quiero que crezcan en un país con tantos abusos para sus habitantes. Deseo y espero que Chile, el pueblo, siga en pie de lucha, que siga expresando su descontento, su rabia y que logremos una mejora, un cambio real para nuestro futuro. Sólo queremos justicia, una vida digna. Tenemos derecho a vivir si pena, sin temor ni rabia. Tenemos derecho a vivir en Paz.

por Pedro Pablo Llantén Garrido